Una mirada consciente hacia el bienestar
El yoga me enseñó a escuchar el cuerpo, a estar presente en él y a entender el movimiento como una forma de conexión y bienestar. Con el tiempo, esa mirada consciente se fue extendiendo a otras formas de bienestar y me llevó a observar también el rostro: sus tensiones, su expresión, su movimiento y todo aquello que también habla de cómo nos sentimos.
MI CAMINO CON EL YOGA
Mi primer contacto con el yoga fue en 2016. Durante un tiempo, la práctica apareció en mi vida de forma puntual, sin una rutina definida. Pero poco a poco empecé a sentir que quería volver a ella cada vez más.
Unos años después, la práctica empezó a formar parte de mi vida de verdad. Recuerdo especialmente aquellas dos clases semanales que se convirtieron en una constante y a las que ya no quería faltar. Poco a poco, el yoga dejó de ser simplemente algo que hacía y comenzó a convertirse en un espacio propio, en un momento para parar, escucharme y volver al cuerpo.
Esa relación fue creciendo con los años, hasta que en 2021 decidí profundizar en mi formación y comenzar mi camino como profesora en Barcelona. En 2023 empecé a dar mis primeras clases y aquello que había comenzado como una práctica personal pasó también a convertirse en una forma de acompañar a otras personas.
Desde entonces he seguido formándome, practicando y enseñando, explorando distintas disciplinas y maneras de trabajar el cuerpo, siempre desde una mirada consciente y respetuosa.

EL CUIDADO TAMBIÉN PUEDE EMPEZAR DESDE DENTRO
Con el tiempo, mi manera de entender el bienestar empezó a transformar también mi forma de entender la belleza.
Durante muchos años, como nos ocurre a tantas personas, había aprendido a cuidar mi rostro principalmente desde fuera: cosmética, productos, y todo aquello que asociamos al cuidado de la piel. Y no reniego de ello, sigo disfrutando de la cosmética y de cuidar mi piel, pero empecé a sentir que me faltaba algo.
El yoga me había enseñado a observar el cuerpo de una manera mucho más completa: a reconocer sus tensiones, a sentir cómo se mueve y a entender que pequeños hábitos repetidos cada día también dejan huella.
Entonces empecé a preguntarme: ¿qué ocurre con nuestro rostro?
Porque también es movimiento. También expresa. También acumula tensión. También tiene músculos que utilizamos constantemente, muchas veces sin ser conscientes de ello.
Y esa pregunta despertó mi interés por el yoga facial.

Empecé a mirar el rostro de otra manera
Al comenzar a practicarlo, lo primero que noté no fue solamente un cambio en mi rostro. Fue una sensación.
Una sensación de relajación que se extendía mucho más allá de los músculos faciales. Empecé a ser consciente de tensiones que hasta entonces pasaban desapercibidas y descubrí cómo unos minutos de práctica podían cambiar incluso mi estado de ánimo.
También observé cómo mi rostro podía verse diferente: más despierto, más luminoso, con una expresión más abierta.
Y entonces entendí que quería profundizar mucho más.
DE LA PRÁCTICA AL MÉTODO
En mi búsqueda encontré propuestas muy diferentes de yoga facial. Algunas se centraban principalmente en el masaje y el drenaje; otras, en ejercicios de activación.
Yo sentía que faltaba una mirada más completa: aprender a activar cuando necesitamos activar, relajar cuando necesitamos relajar y, sobre todo, aprender a sentir qué está haciendo nuestro rostro.
Así nació la idea de crear un método que no entendiera el rostro como algo que simplemente queremos cambiar, sino como una parte de nuestro cuerpo que podemos conocer y cuidar.
The Face Harmony nace de ahí.
De la unión entre mi experiencia con el yoga, mi interés por la anatomía y el movimiento y una forma más consciente de entender la belleza.
La belleza no consiste en cambiar nuestro rostro.
Consiste en aprender a conocerlo, cuidarlo y habitarlo.

MI FILOSOFÍA
La belleza empieza cuando dejamos de luchar contra nuestro rostro.
Para mí, cuidar la belleza no significa perseguir un rostro diferente, sino aprender a comprender el que tenemos. Creo en una forma de cuidado que une cuerpo, movimiento y conciencia. En escuchar antes de corregir, en reconocer las tensiones antes de intentar ocultarlas y en entender que pequeños gestos y hábitos cotidianos también pueden transformar cómo nos sentimos.
The Face Harmony nace de esta forma de entender la belleza: más natural, más consciente y más conectada con el bienestar.
FORMACIÓN Y PRÁCTICA
Formación en Yoga +500 horas
Hatha Vinyasa · Yoga terapéutico · Yoga prenatal y postnatal · Perfeccionamiento
Formación complementaria
Yoga Facial · Yoga Aéreo
Experiencia profesional
Docencia de yoga · Sesiones presenciales · Hoteles · Eventos · Empresas · Colaboraciones
Registro profesional
Yoga Alliance · ROPEC (Número de inscripción: 059897) · Federació Catalana de Ioga



CUIDAR TAMBIEN ES APRENDER A ESCUCHARNOS
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